Fox de Murdoch se hace con Roku, el número 1 del ‘streaming’ en EE UU, por 33.000 millones de dólares

Consigue el primer puesto tras superar a Google y Amazon en cuota de plataforma. Las acciones de Fox caen un 15% en medio de las dudas sobre la carga financiera de una gran adquisición

La expansión del imperio mediático no tiene fin. Fox Corporation, el gran magnate tradicional que dominó los salones del siglo XX, ha absorbido Roku (Roku), la puerta de entrada al salón digital del siglo XXI, por 22.000 millones de dólares (aproximadamente 33 billones de wones). Esto no es solo una adquisición empresarial más: marca el inicio de un movimiento de poder colosal para hacerse con el 'primer plano' donde fija la mirada la gente en la era contemporánea.

El logotipo de Roku en el mando a distancia de un dispositivo de ‘streaming’ [AP=Yonhap. Prohibida la reventa y la base de datos]
El logotipo de Roku en el mando a distancia de un dispositivo de ‘streaming’ [AP=Yonhap. Prohibida la reventa y la base de datos]

Un imperio que se proclama dueño del ‘screen’, y la mecánica del poder de la mirada que se esconde detrás

En la sociedad actual, la televisión no es una simple caja tonta. Es una ventana para mirar el mundo y, a la vez, el medio más poderoso con el que el capital controla la vida cotidiana del consumidor. Roku, cuya compra se anunció de forma fulgurante el 15 (hora local) por parte de Fox, es precisamente la empresa que sostiene la 'llave' de esa ventana. Es el puerto que hay que atravesar para navegar por el océano de los innumerables servicios de ‘streaming’, como Netflix y YouTube. En particular, Roku ha logrado mantenerse de forma firme en el número 1 en el ecosistema estadounidense de televisión conectada (CTV) al implantar su sistema operativo (OS) en el corazón de los fabricantes globales de televisores, como TCL y Hisense, superando con claridad a las grandes fortunas tecnológicas que representan Google, Amazon y Apple.

Los movimientos de Fox son, en gran medida, estratégicos y descaradamente calculados. Las mismas compañías que ya controlan canales de cable y la plataforma gratuita de ‘streaming’ Tubi han conseguido llevar, mediante el enorme 'poder de plataforma', sus armas esenciales —sus contenidos de noticias y deportes— directamente a los salones de todo el mundo. Al monopolizar el lienzo que el usuario ve en cuanto enciende el telemando, la empresa busca erigirse en el 'absoluto' que fija las reglas del ecosistema publicitario, más allá de ser solo proveedor de contenidos. No hay exageración en el hecho de que Lachlan Murdoch, consejero delegado (CEO), lo haya definido como «un momento decisivo para la expansión del imperio mediático de Fox y un resultado natural de la estrategia de concentración que se ha impulsado durante los últimos 10 años».

Sin embargo, la mirada del mercado de capitales fue implacablemente fría. Un 'miedo financiero' —la idea de que una apuesta astronómica de 33 billones de wones pueda agitar los cimientos del imperio— se extendió por Wall Street. Ese día, en la bolsa de Nueva York, las acciones de Fox se desplomaron más de un 15% intradía, demostrando que el peso de la corona no es en absoluto ligero. Solo el público que mira las pantallas decidirá, al final, si esta enorme jugada para hacerse con la hegemonía mediática se convierte en el orgullo del imperio o termina siendo un pantano de autosabotaje.

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