
Ridley Scott regresa a las salas con 〈Dog Star: Última esperanza〉. A sus 88 años, el director adapta la novela 「Dog Star」 de Peter Heller y filma el viaje de un hombre en una época en la que un virus ha derrumbado la civilización. ¿Qué forma adopta, en 2035, este posapocalipsis con hechuras de road movie captado por Scott? A un día de su estreno, el 25 de agosto, estas son las impresiones que deja 〈Dog Star: Última esperanza〉 tras su pase de prensa y distribución.

Hig (Jacob Elordi) vive en un mundo en el que un virus ha derrumbado la civilización, junto a su vecino Baengri (Josh Brolin) y su perro Jasper. Hig pasa sus días pilotando una avioneta para abastecerse y reconocer posibles intrusos; hasta que un día recibe una misteriosa transmisión desde 'Grand Junction'. Sin saber quién la envía ni si realmente proviene de una persona, Hig decide ponerse en marcha siguiendo esa señal.
〈Dog Star〉 se inscribe en la categoría del llamado 'postapocalipsis', en la que un suceso ha borrado la civilización: las personas deben moverse constantemente y defenderse para sobrevivir. Aun así, 〈Dog Star〉 se aparta de muchas de las imágenes clásicas del género. A diferencia de obras que reúnen a grupos y construyen comunidades sustitutas, el Hig de 〈Dog Star〉 cuida de quienes le rodean sin establecer lazos profundos salvo con Jasper. Por eso la primera parte del filme ofrece paisajes bucólicos que resultan poco previsibles en un título de este tipo. Aunque no faltan las ciudades en ruinas, los parajes que Hig contempla desde el vuelo son tan frescos que recuerdan más a un documental de naturaleza que a una película de género.
Así, el posapocalipsis en 〈Dog Star〉 funciona más como telón de fondo; el centro de la historia es, en realidad, la road movie. Lo esencial del filme son los sucesos que vive Hig al separarse de Baengri y dirigirse a Grand Junction. Cuando su avión sufre una avería y aterriza de emergencia, Hig pasa tiempo con un padre y su hija que se han establecido en una granja: Pops (Guy Pearce) y Sima (Margaret Qualley). Es ese periodo el que más contribuye a reflejar el estado de ánimo y la evolución interior del protagonista. Ahí, Hig va cubriendo poco a poco las carencias afectivas que Baengri, siempre priorizando la supervivencia, no supo satisfacer; ese despertar emocional se convierte en el motor que le prepara otra vez para partir hacia Grand Junction.



Más que el placer típico del género postapocalíptico, 〈Dog Star〉 reordena el mundo alrededor de la necesidad humana de seguir viviendo pese al colapso de la civilización. La belleza visual elegida para trasladar esa idea, la música que incrementa la carga emocional de las escenas y las interpretaciones de los actores contribuyen a una sensación de recogimiento en un mundo desprovisto de civilización. Al mismo tiempo, en diversos elementos de la película puede leerse una metáfora sobre la historia y los deseos de Estados Unidos. Los paisajes bucólicos evocan la imagen de 'hogar' que tantos estadounidenses han idealizado durante largo tiempo; las distintas figuras de los asaltantes remiten a las formas de comunidad representativas de distintas épocas en la cultura popular. Ese enfoque culmina en la Grand Junction del filme. No se trata sólo de transmitir relaciones humanas o esperanza, sino de la ambición de Ridley Scott de canalizar, de forma simbólica, lo que muchas personas han deseado y no han logrado alcanzar hasta la actualidad.

Sin embargo, queda la pregunta de si 〈Dog Star〉 es una gran película, o al menos una obra que traicione las expectativas para acabar satisfaciendo. En líneas generales el filme intenta distinguirse por un tono lírico y paisajes bucólicos. El problema es que ese ritmo resulta excesivamente lento para el espectador. La opción de dejar espacios en lugar de explicaciones detalladas pretende transmitir la soledad y la pérdida de Hig, pero aun así el arranque de la película tarda demasiado en ponerse en marcha. Al dedicar tanto cuidado a esa primera parte, la segunda adquiere una velocidad casi excesiva, y el tiempo que se dedica a los personajes deja poco margen para que el espectador experimente catarsis. Tampoco puede decirse que la historia sea profundamente emotiva. Las virtudes de la novela original —el retrato en primera persona del interior de Hig y la reflexión sobre la humanidad en el postapocalipsis— no se trasladan por completo a la pantalla: la adaptación incorpora sin más los moldes típicos del drama humano y del postapocalipsis, con la consiguiente sensación de cierta insipidez. Es cierto que escenas puntuales de acción o persecuciones llegan a disipar la previsibilidad de la trama, pero en líneas generales quien acuda esperando una obra de género quedará, hasta cierto punto, insatisfecho.

En consecuencia, 〈Dog Star〉 no acierta plenamente en explotar las virtudes ni del postapocalipsis ni de la road movie pese a combinar ambos registros. Desde la perspectiva del primero resulta excesivamente lírica; desde la de la segunda, los cambios en los personajes a lo largo del viaje no resultan especialmente contundentes. Naturalmente, con Ridley Scott tras la cámara la película exhibe una calidad visual destacada y una puesta en escena que construye tensión por encima de la media. Pero es probable que el público que acuda a ver 〈Dog Star〉 deposite mayores expectativas en el nombre 'Ridley Scott', y no es fácil borrar la impresión de que el filme se queda algo anodino respecto a esas expectativas. 〈Dog Star〉 se estrena el 26 de agosto.



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