
Un maestro de 89 años desvela la verdad tras seis décadas de escenarios
«Aunque me apellido Pyo, he intentado vivir toda la vida sin llamar la atención». Pyo Jae-soon (89), director y figura viva de la historia de la televisión y las artes escénicas de Corea del Sur, ha publicado su primer ensayo autobiográfico, «Pyo Jae-soon», en el que condensa seis décadas de trayectoria artística. Este relato, con el que el veterano creador pone por primera vez su vida por escrito cuando se acerca a los 90 años, recorre de principio a fin la trayectoria de la cultura contemporánea surcoreana: desde las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 hasta las series de televisión que conquistaron los hogares del país.
El singular título del libro nace de una ocurrencia, a medio camino entre la broma y la reprimenda, que el fallecido actor Jang Min-ho le lanzó a Pyo Jae-soon, quien trabajaba en todo tipo de géneros. Se dedicó a dirigir producciones audiovisuales porque vivir únicamente del teatro resultaba difícil, pero convirtió esa experiencia en un motor de reflexión y gratitud y construyó un universo artístico inconfundible.

Un pionero que derribó fronteras, un creador que transitó por todos los géneros
Su filmografía ofrece un espectro tan amplio que no puede encasillarse en un solo género. Tras incorporarse a TBC en 1967, ideó y dirigió obras que se convirtieron en iconos de su tiempo, entre ellas «El marido rana», «Jefe de investigación», «500 años de la dinastía Joseon» y «El reloj de arena». También cosechó notables éxitos en las artes escénicas. Desde la obra «La muerte de un viajante» hasta el musical «Padam Padam Padam», rompió las barreras entre géneros y conectó con el público.
Pese a los numerosos calificativos que ha recibido, su filosofía, que le lleva a definirse como «creador», se resume en la llamada «teoría del bibimbap». Defiende que, sobre la sólida base de la tradición, hay que mezclar ingredientes tan diversos como la tecnología punta y la convergencia entre disciplinas para crear contenidos capaces de entusiasmar al mundo entero. Pyo Jae-soon sostiene que el sudor de los actores y trabajadores sin nombre ha sido el alimento que ha hecho posible la actual cultura K y augura un futuro extraordinariamente luminoso para la cultura surcoreana.

Un acto de contrición hacia la familia, relegada tras los focos
Aunque recibió elogios en todo el mundo por dirigir grandes acontecimientos de alcance nacional, en su interior permanece un profundo pesar por la familia que dejó fuera de los escenarios. Su dolorosa autocrítica por no haber podido cumplir plenamente durante toda su vida con su papel de buen marido y padre constituye otro de los ejes del ensayo. Su serena confesión de que quiere llenar de servicio a los demás el tiempo que le queda permite vislumbrar la dimensión humana oculta tras la gravedad del maestro.
Al acto de presentación acudieron numerosas figuras de la cultura y las artes, entre ellas el exministro de Cultura, Deportes y Turismo Yoo In-chon y los actores Shin Goo, Kim Young-ok y Yoon Bok-hee. Los asistentes evocaron el cálido liderazgo de Pyo Jae-soon, grabado en sus recuerdos, y expresaron su profundo respeto por quien ha sido compañero y maestro durante 60 años.

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