Me obsesiona la música en el cine. A veces la música revela emociones íntimas de los personajes que ni las imágenes ni los diálogos alcanzan a transmitir por sí solos. También funciona como una ventana para asomarse a las intenciones ocultas del creador. Para mí, comprender la música de una película fue una vía de acceso a la propia película. En 'La caja musical de Chu Ah-young', la música sirve para acercarse a la voz de cada película. (P.D. Escuche la música mientras lee este texto.)

La nueva película del director Ridley Scott, 〈Dog Star: La última esperanza〉 (en adelante 〈Dog Star〉), continúa la indagación sobre la esencia de la condición humana que ha perseguido a lo largo de su carrera. Con este filme, Ridley Scott plantea qué valores deben guiar, más allá de la mera supervivencia, a los pocos seres que han sobrevivido en un mundo en ruinas. Para expresar esta conciencia temática y la esperanza que no abandona la novela original de Peter Heller, 「Dog Star」, el cineasta elige un tono optimista y evita la habitual atmósfera lúgubre del género postapocalíptico. La canción 'Like Real People Do', del cantautor irlandés Hozier, que acompaña la apertura y el cierre de la película, dialoga de forma perfecta con el mensaje de esperanza que Ridley Scott articula.

Un mundo devastado por una pandemia que arrasó a la humanidad. Los pocos supervivientes se abren camino en el mundo posterior al colapso, cada uno a su manera. Hig (interpretado por Jacob Elordi), un hombre que perdió a su esposa, vive en las afueras de la ciudad con su perro Jasper y con su único vecino, Benri (Josh Brolin). De vez en cuando vuela en una vieja avioneta Cessna y se aferra a la esperanza de que, por las comunicaciones procedentes de otras zonas, aún quede un lugar mejor. Tras un conflicto con Benri por su manera de tratar a otros supervivientes, Hig decide finalmente partir hacia la zona que envió la señal de radio, Grand Junction. Sin embargo, su avioneta se estrella durante el vuelo y conoce a Shima (Margaret Qualley) y a Pops (Guy Pearce), que son padre e hija y supervivientes de otra zona. En el reparto también figuran Allison Janney y Benedict Wong. Con su ayuda, Hig intenta de nuevo dirigirse hacia ese último lugar de esperanza.

〈Dog Star〉 se pregunta qué valores deberían orientar a la pequeña humanidad superviviente si quisiera reconstruir el mundo después de la catástrofe. En ese proceso, Ridley Scott convierte la película en una gigantesca alegoría del país llamado Estados Unidos. Benri, exinfante de Marina, dispara y elimina a cualquier superviviente que irrumpe en su refugio sin atender a sus intenciones. Su postura inamovible y su trato duro hacia los demás señalan la actual prioridad que da Estados Unidos a sus propios ciudadanos. El aislamiento de Benri —que excluye a los forasteros y monopoliza su refugio y sus recursos— no difiere de la América de la Administración Trump, que prioriza el interés nacional y adopta una postura dura ante los refugiados y los extranjeros. Aun así, pese a su rigor, Benri acaba perdiendo su refugio a manos de saqueadores procedentes de México. La carga simbólica del arco de Benri se refuerza con el de Pops.


Tras el accidente, Hig descubre el escondite donde viven Pops y su hija Shima y entra en él. Ridley Scott no se limita a retratar el Estados Unidos actual, sino que recurre a las imágenes y convenciones del wéstern para convocar incluso la primera historia de Estados Unidos, la de las campañas contra los indígenas. Tras el accidente, Hig descubre el escondite donde viven Pops y su hija Shima y entra en él. Shima, que aún conserva la cortesía y el espíritu de hospitalidad hacia el otro, acoge de buen grado al errante Hig. Pops, en cambio, prima la supervivencia y al principio intenta expulsarlo, aunque termina aceptándolo poco a poco. Ese refugio acaba transformándose en un espacio de calidez humana. Sin embargo, ese espacio de paz es invadido por supervivientes que evocan la figura de los nativos americanos. La imagen de Pops, vestido con un sombrero vaquero y disparando contra los invasores, remite al arquetipo del cowboy del western. Con este giro, Ridley Scott subvierte la gramática clásica del western —en la que el cowboy blanco justifica la conquista de las tierras indígenas en nombre de la civilización— y plantea, a la inversa, que en un páramo donde la civilización moderna ha colapsado, el hombre blanco que ha perdido su posición de privilegio es expulsado por quienes adoptan la apariencia de las antiguas víctimas indígenas. Se invierte así la dinámica de poder acostumbrada.

Este planteamiento podría, en apariencia, reforzar una mentalidad de victimización blanca si se yuxtapone con la irrupción de los saqueadores mexicanos en el refugio de Benri. Sin embargo, la intención real del director es subrayar que la tragedia del desplazamiento —robar y ser robado—, reiterada a lo largo de la historia humana, puede convertirse en una experiencia universal en un contexto extremo como el de la destrucción del mundo. Con la inversión de los estereotipos de víctima y agresor, Ridley Scott insiste en que, en una era apocalíptica donde la noción de propiedad territorial ha dejado de tener sentido, lo que debemos preservar no son muros sólidos sino la solidaridad con los demás.


Hig, Pops y Shima, despojados de su refugio, emprenden el camino hacia Grand Junction en busca de la última esperanza. Sin embargo, el lugar presentado como una utopía en el mundo posapocalíptico resulta ser, en realidad, una sociedad totalitaria donde la libertad está regulada por los gobernantes y, aunque no por estatus hereditario, existe una clara segregación por ocupaciones que reproduce los vicios de la civilización humana. El vestuario y la estética del retrofuturismo que impregnan la puesta en escena de Grand Junction delatan que no se trata de una nueva utopía, sino del cadáver embalsamado de una civilización anclada en valores caducos que han detenido el verdadero progreso. Grand Junction, al igual que los refugios de Benri y Pops, acaba devastada por Hig, quien ha sido etiquetado con marcas de clase y relegado a trabajos manuales. Finalmente, Hig lleva a Pops y a Shima al que fuera el reducto seguro de Benri, pero confirma que incluso la casa que parecía inexpugnable ha sido destruida. Entonces se une a Benri, que ha quedado sin hogar, y se establece en la comunidad menonita. En la película, la comunidad menonita se rige por valores religiosos que privilegian métodos de comunicación no violentos frente a un mundo violento y practican la hospitalidad. Valoran la solidaridad vecinal y se distancian de la civilización científica moderna, que dificulta las conexiones humanas. Ridley Scott propone, como conclusión de ese retorno, que en un mundo en ruinas la recuperación de las relaciones humanas y los lazos con los demás constituye una forma alternativa de vida para la humanidad.

La vida comunitaria de los menonitas que muestra la película comparte espíritu con la música de Hozier. 'Like Real People Do' condensa la sensibilidad lírica y lo rústico propios del artista. Hozier compuso la canción inspirándose en una serie de poemas del poeta irlandés Seamus Heaney sobre los páramos de Irlanda del Norte. En esos textos, Heaney aborda el fenómeno de las momias de turbera (bog bodies): cuerpos conservados de forma natural durante siglos en las turberas y marismas de Irlanda, y transforma el proceso de exhumación en la metáfora de iniciar un amor con alguien que ha emergido del subsuelo. Ese amor se resignifica en la película y en la canción como el amor entre seres heridos. En 'Like Real People Do', la voz del tema no indaga en el pasado ni en las heridas de la persona rescatada; propone centrarse únicamente en amar el presente, “como personas de verdad” (Like Real People Do). En la película, Hig vive prisionero del espectro del pasado tras perder a su esposa por la pandemia. Confiesa a Shima lo sucedido con la muerte de su mujer, pero ella decide no hurgar en sus heridas y elegir estar con él en el tiempo presente. El mensaje de aceptación incondicional y de amor de la letra acompaña la transformación psicológica de Hig, que entierra los recuerdos de su esposa en su corazón y vuelve a vivir junto a Shima. Tras este recorrido interior, Hig emerge de la oscuridad subterránea y renace, como los personajes de la canción, dispuesto a vivir un mundo nuevo con quienes tiene a su lado. Con esta pieza, Ridley Scott sostiene que, en un mundo posapocalíptico, lo que nos devuelve la condición humana no es una civilización avanzada, sino el afecto humilde y la solidaridad que curan las heridas y permiten vivir el presente.



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