La música de una película suele decir lo que la imagen y los diálogos no alcanzan a expresar: la intimidad emocional de sus personajes y, a veces, las intenciones ocultas de quien la crea. Para mí, comprender la música de una película fue —y sigue siendo— una vía para acercarme a esa película. «La caja de música de Chu A-young» escucha la voz del cine desde la música. (P.D. Espero que lea el texto mientras escucha la música.)

El filme dirigido por Josh Safdie en solitario 〈Marty Supreme〉 se inscribe en el universo que Safdie levantó junto a su hermano Benny Safdie en títulos anteriores como 〈Heaven Knows What〉 (2014), 〈Good Time〉 (2017) y 〈Uncut Gems〉 (2019). La urgente necesidad de los personajes por afirmar su existencia y las tramas inesperadas crean de forma incesante tensión y energía vertiginosa. Además, la música del compositor Daniel Lopatin —que ya trabajó en 〈Good Time〉 y 〈Uncut Gems〉— se fusiona con la narración y potencia la magia del film.

En 〈Marty Supreme〉, junto a la música de Daniel Lopatin, aparecen éxitos pop y piezas new wave de los años 1980. Josh Safdie incorpora en una película ambientada en los años 1950 canciones de Tears for Fears como 'Everybody Wants to Rule the World', 'Forever Young' o 'I Have the Touch'. No se trata de una elección estilística gratuita, sino de una decisión deliberada para expresar el tema del filme y el mundo interior del protagonista, Marty. Entre ellas, la canción que acompaña el cierre y los créditos, 'Everybody Wants to Rule the World', evoca la ansiedad de la Guerra Fría y el deseo humano de poder, y condensa el núcleo temático de 〈Marty Supreme〉.

Nueva York, 1952. Marty (Timothée Chalamet), lleno de ambición, sueña con dominar el mundo del ping‑pong y convertirse en una leyenda deportiva. Sin embargo, en la final del British Open de ping‑pong, al que llega con grandes esperanzas, sufre una humillante derrota contra el jugador japonés Endo (Kawaguchi Goto) y vuelve a enfrentarse al menosprecio de su entorno y a la presión económica. Rockwell, director ejecutivo de una empresa de tinta (Kevin O'Leary), llega a proponerle que pierda adrede frente a Endo en un acto promocional para publicitar sus productos. Orgulloso, Marty rechaza la oferta y, tras recorrer circos con números acrobáticos de ping‑pong para recaudar dinero y poder disputar el campeonato mundial, regresa a Nueva York. Allí, sin embargo, su familia le arrebata el dinero que había obtenido para alejarlo del ping‑pong. Para colmo, su pareja Rachel (Odessa A'zion) afirma estar embarazada de él, y la personalidad egocéntrica de Marty le obliga a enfrentarse a la responsabilidad hacia alguien que no es él mismo.


Josh Safdie ve el Estados Unidos de los años 1980 como una época en la que el sentido del éxito individual, la ambición y la convicción propia —el llamado sueño americano— estaba más vivo que nunca. La desmesurada confianza de Marty y su obsesión por el triunfo proceden de ese sueño americano. En las primeras fases del proyecto, 〈Marty Supreme〉 se concibió como la historia de un Marty anciano que rememora su juventud en los años 1980, y la canción 'Everybody Wants to Rule the World' fue pensada para un momento clave de esa premisa. Aunque en el montaje final se eliminaron la estructura de recuerdo y las escenas previstas, la canción permaneció y expresa el sueño americano de Marty y el tema central de la película.

'Everybody Wants to Rule the World' es una pieza compleja que oculta, tras una melodía luminosa, la sombra oscura de la Guerra Fría. Incluida en el álbum 'Songs from the Big Chair' (1985) de Tears for Fears, la canción nació a partir de dos acordes tocados con guitarra acústica por Roland Orzabal. El sonido brillante y pulcro del sintetizador y de la caja de ritmos, el ritmo de shuffle animado y las arpègiaciones ascendentes transmiten vitalidad al oyente. En contraste, la letra aborda con profundidad el ansia de poder, el control y las tragedias que genera la guerra. El título inicial fue 'Everybody Wants to Go to War', pero la banda lo cambió por considerar la letra demasiado dogmática. El cantante Curt Smith explicó que la canción refleja la tensión política de la etapa de la segunda Guerra Fría y el miedo a una guerra nuclear latente, y la definió como “sobre todo el deseo de poder y el dolor que provoca la guerra”. Así, la combinación de peso temático y vigor musical de 'Everybody Wants to Rule the World' critica y advierte sobre las ambiciones de quienes buscan dominar el mundo. Esas mismas ambiciones conectan con los deseos de los personajes del film.

El ansia de Marty, jugador estadounidense, por acudir al mundial y alzarse con la victoria recuerda la aspiración de Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial, de intervenir en la escena internacional para asegurar su hegemonía. En una entrevista, Josh Safdie dijo: «La victoria en la Segunda Guerra Mundial avivó el sueño americano, esa idea de que un individuo puede cambiar el mundo y de que, vengas de donde vengas, puedes encontrar la gloria». Marty es la personificación de aquella confianza de la posguerra: la grandeza que persigue es una huella que la promesa estadounidense de entonces dejó inscrita en la conciencia individual.

El deseo del capitalista Rockwell, que ha levantado su propio “imperio de bolígrafos”, se muestra con mayor astucia. En un momento del film Rockwell le dice a Marty: “Nací en 1601. Soy un vampiro que no muere jamás”, y la referencia a 1601 alude al despegue del capitalismo global provocado por la puesta en marcha de la Compañía de las Indias Orientales (fundada el 31 de diciembre de 1600). Rockwell encarna la faceta vampírica de una parte del capitalismo que acumula capital mediante la explotación. Afirma haber conocido durante siglos a personas como Marty Raisman y no haber desaparecido, con lo que subraya, en términos metafóricos, la aparente inmortalidad del capitalismo. La relación entre ambos personajes ilustra con nitidez la simbiosis entre capitalismo y meritocracia. En la superficie narrativa, el deseo personal de Marty no está al margen del deseo del capitalista Rockwell. A pesar de su talento abrumador, Marty queda a merced de las decisiones de Rockwell. Endo, que perdió la audición por el bombardeo de Tokio, pese a sufrir daños físicos por la guerra, es degradado a mascota publicitaria de un bolígrafo de una empresa estadounidense, antaño enemiga. El proceso por el que individuos competentes como Marty o Endo son absorbidos por la lógica del capital refleja la ilusión meritocrática de que el estatus y la recompensa dependen únicamente de la habilidad. El segundo partido entre Marty y Endo, que parece una confrontación justa, es en realidad una competición escenificada; simboliza la falsedad de un mercado diseñado por los capitalistas. Esa escena muestra cómo la ideología meritocrática bajo el capitalismo opera como mecanismo central para hacer creer que el mercado es un espacio de competencia justa y, así, legitimar la desigualdad que produce el capital. 〈Marty Supreme〉 y la canción 'Everybody Wants to Rule the World', cada uno a su manera, ponen al descubierto con agudeza cómo las ambiciones individuales de dominar el mundo se mantienen dentro de la lógica del capital.


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